Inspector Waffles

“Medianoche en Cat Town y me dirijo a una escena del crimen. ¿Por qué sigo haciendo este trabajo? Podría estar en cualquier lugar ahora mismo. Relajándome en la playa, bebiendo piña colada… pero no, aquí estoy trabajando día y noche para esta ciudad. Mi madre, ella me quería fuera de esta vida. Un trabajo de oficina tranquilo con un horario decente. Debería haberla escuchado. Mamá siempre tiene razón, la vida de un inspector es peligrosa. Pero si hay algo que me gusta más que la leche fuerte, es resolver misterios…”

Se presenta el Inspector Waffles. Un felino policía tan esquivo como talentoso, al que la informática, la tecnología y, sobremanera, los procedimientos le interesan lo más mínimo y que nunca incluirá en una rutina diaria que se truncó el día que forzosamente tuvo que separarse de su compañero Pancakes, dejando en esa mustia gabardina un olor a solitario gato callejero que parece no se quitará jamás.

“Cuéntame, ¿quién es la víctima?” Waffles llega al escenario del crimen de Fluffy, el billonario jefe de la compañía de las adoradas cajas de cartón (para gatos) Box Furniture, y su derrotado cuerpo que ya es custodiado por el jefe de policía Patches —el cual podremos controlar en un momento muy puntual de la aventura—, residiendo en él la mayor parte de cuota de humor de esta obra de Goloso Games.

Esta desarrolladora francesa nos trae un thriller policíaco en forma de una «pixeladísima» aventura gráfica de la que cabe resaltar su elección por unos puzles razonablemente realistas y que dirigen el foco a resolverse mayoritariamente en la elección de preguntas y respuestas, en las conversaciones; extensas conversaciones. Siendo quizá excesivas en algunos momentos, donde las escasas que comparte con Cha, la camarera del garito The Metal Heart, sean quizá las más profundas y reconfortantes que podremos disfrutar.

Pero, ¿qué se cuece en Cat Town? Una ciudad muy cotidiana con la única peculiaridad que la habitan antropomorfos perros y gatos y que, en vísperas de unas elecciones municipales, no le faltarán algunos asesinatos, su previsible dosis de corrupción y venganza, adecuados compañeros de departamento —a destacar nuestro ya inseparable perro rastreador Spotty—, una secta (que nunca está de más), loables cameos y, como todo buen thriller, un buen lingotazo de misterio.

Inspector Waffles es una de esas aventuras gráficas que, pese a no conmover, difícilmente decepcionará a cualquier nivel de público. Una aventura donde la leche se bebe con el mismo placer de un buen whisky. Ese mismo placer de resolver crímenes y atrapar a los malos… porque, sabes que hay más de una forma de despellejar a un gato, ¿verdad?

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